Gracias a Jorge Omar Peroni, jugué en la mística cancha del lobo.
Lugar al que voy cada 15 días, hace mas de 20 años. Y logré algo increíble. ¡¡¡DESMISTIFICARLA!!!
Corría el 14 de octubre cuando me confirmaron que iba a participar del evento de los 1.000 programas de Cielo Sport de
La noche previa al match, me quedaba solo en casa. Podría haber hecho un gran programa aprovechando esa “soledad”. Pero fui muy profesional, y me guardé. Me preparé una fantástica tortilla de papas y zapallitos, vi una película, y me acosté temprano. Había puesto el despertador a las 8, para desayunar tranquilo, leer los diarios, chequear mails, y demás rutinas matinales. Pero a las 7 ya estaba con los ojos abiertos. No aguantaba más. Quería que llegue la hora de pisar la alfombra verde de la cancha del lobo. Desayuné con barras nutritivas, y a las 9.15 arranqué para el bosque. Para relajarme caminé desde la plaza San Martín hasta la cancha. Iba con el Ipod escuchando el último disco de Ac/Dc para llegar más que motivado. El camino se me hizo largo. Y cuando entré a la avenida Iraola y empecé a ver la cancha, subí la música y escuchaba las guitarras y platillos de Ac/Dc a pura potencia. Llegué motivadísimo, y los auriculares me sirvieron para evitar a la prensa, y llegar concentrado al evento.
Llegué solo. Saludé a los familiares que andaban por ahí, y fui a sentarme a la platea. Aun éramos pocos los que allí estábamos, aunque para decir verdad, éramos muchos los ansiosos que ya estábamos esperando por entrar.
Como era una suerte de cuadrangular, primero jugaron los periodistas platenses, contra los periodistas del programa Cielo Sport. El partido terminó uno a cero para estos últimos, quienes con ese resultado jugaban la final. Por los altavoces del estadio, un rato antes nos pidieron, a los oyentes preseleccionados, que fuéramos al vestuario.
Saqué un chicle del bolsillo del bolso para relajarme, y partí al vestuario local. Estaba llegando a la tribuna de 60, cuando empecé a escuchar los tambores y redoblantes. Era el equipo de “Las Estrellas de
Nos estábamos cambiando cuando entró el Pato Galván, con una agujerada pero notable remera negra de titanes en el ring. Con eso ya me empezó a caer bien. Lo primero que nos pidió como equipo, fueron las 3 H, Huevos, Humildad, y Humor. Que había que divertirse, pasarla bien, y que futbolísticamente había que sacrificarse por el compañero. Un motivador nato, sin llegar a ser vende humo como Caruzo. Pero entrador. Convincente. De la línea de Madelón. Pasó lista a los concentrados preguntándonos en que posición jugábamos. Vi que había muchos delanteros, así que hice mi primer sacrificio por el equipo. Como comentaba antes, físicamente estaba impecable. Desde mis quince que no estaba tan bien. Así que tiré: “Juego de volante por derecha”. Eso me valió la titularidad.
Una breve charla táctica sirvió para motivarnos. Un pequeño orín y a la cancha. Entramos al túnel para salir a la cancha. A medida que me acercaba a la salida y veía la el cielo celeste, estaba más ansioso. Hicimos la arenga final y salimos a la cancha. El Pato Galván hizo el segundo gran acto del día: palmadita al pecho como el gran maestro cordobés, C.T. Griguol. El Pato seguía sumando puntos.
Entramos corriendo hasta la mitad de la cancha donde levantamos los brazos. La platea nos ovacionaba. Eran todos amigos nuestros. Éramos notoriamente locales, para algunos era presión, para otros era mucha satisfacción. Sacamos la foto de rigor con la multitud aclamándonos de fondo. Empecé a correr para entrar en calor. Y escuchaba que coreaban mi nombre. Levante los brazos en agradecimiento. Hasta que los reconocí. elRafa, Valen, mi ahijado, Lucho, y un par de butacas más allá, Martín y Celes. Trate de concentrarme de nuevo.
Toqué la pelota, y era un globo. Habíamos hecho una salida preparada, donde al sacar del medio me la daban a mí y salíamos a toda velocidad por mi andarivel. El 5 boqueó, y antes de salir ya tenía 3 marcadores sobre mi sector. Así que cambiamos de lado la salida, y arrancamos por izquierda. Comenzó el partido. Muchas impresiones, de un lado y del otro. Yo corría como un condenado. Jugué mucho tácticamente. Inteligente, pero sin pelota. Cubría espacios en defensa, y subía con rapidez para acompañar a los delanteros. En los primeros 20 minutos hicimos dos goles, y con eso cerramos el partido. El triunfo en ningún momento estuvo comprometido. Así que el DT decidió guardarnos a los titulares, y metió a los suplentes. Estábamos en
Ahí pude compartir momentos con los heroicos amigos que fueron a verme. Fue una inyección. Mientras tanto, se disputaba el tercer puesto. Pero necesitaba sacarle tensión a la final, y trate de desconectarme del match. Nos volvieron a convocar al vestuario para preparar la final. El Pato Galvan otra vez tomó la voz cantante y dijo: “ahora hacemos al revés, los que el primer partido jugaron de titulares, van al banco”. A mi particularmente la idea me gusto por dos motivos. Si los suplentes no arrancaban bien, íbamos a entrar nosotros para hacer la heroica. Me gustaba ese desafío. El Manu Ginobili siempre dice que no importa quien arranque jugando, sino quien termina los partidos. Si lo dice el Manu que es una mega estrella, como me iba a fastidiar?. Y segundo motivo por el que me gustaba la decisión fue que, el que terminaba jugando se quedaba con la casaca. Personalmente, lo tomaba como un premio al esfuerzo.
Arrancó la final, y la verdad, era duro estar en el banco. Las finales uno siempre quiere jugarlas. Se sufre mucho desde afuera. Uno de los chicos se mandó un pique increíble, y lo bajaron feo adentro del área. Roja, Penal y Gol. El partido se abría, además todos veíamos que ellos no nos podían llegar. El Pato Galvan movió el banco. Los de adentro no querían salir, y los de afuera queríamos comernos la cancha. El que mandaba era el DT y entramos los de afuera.
Saliendo de un corner en contra, salgo en velocidad por izquierda, y me ponen el pase en profundidad al vacío. Estaba pasando a quinta velocidad, cuando escucho: “tío Machias”… un reflejo intuitivo me hizo mirar hacia el costado. Mis sobrinas, mi hermano y mi cuñada estaban contra el alambrado. Esa fracción de segundo me costó perder la pelota. Me sirvió de lección. La cancha chica metía presión. La gente estaba ahí no más, y los murmullos se escuchaban fuertes y claros. El partido estaba totalmente definido porque Cielo Sport ya no tenía piernas. Así que mis compañeros abusaban del individualismo. Todos querían hacer la heroica. A algunos les salió bien. Metimos dos goles más y Peroni le empezó a pedir al árbitro que lo termine antes. No aguantaba tanta humillación.
Pitazo final en el bosque. Para algunos, una cancha mística[1]. Alzamos
El festejo se prolongó bastante. Fotos y más fotos. Agradecimientos y reconocimientos al DT, “Aquí están, aquí están, somos campeones por Galván”. Aplausos del público. Agradecimiento a los organizadores. Y desmitificación de la cancha el lobo, porque al fin y al cabo, la mística es puro cuento.
[1] Mística (derivado del griego mystikos,"cerrado"): En la filosofía y la teología hace referencia a los fenómenos que no se pueden explicar racionalmente.